sábado, 6 de septiembre de 2008

Arena

Cruzaba la plaza como un autómata, con la mirada distante, la escena que veía no era real, hacía futurismo, imaginando la oficina, la discusión que sobrevendría con la llegada, y las palabras se mezclaban con la música que vomitaba incesante el ipod, don’t stand, don’t stand, don’t stand so close to me….
Ladridos de perros. Perros en la oficina? Y chicos. Y palomas.
De reojo observaba como me rodeaban ondulantes telones verdosos, mientras caminaba por la irregular alfombra colorada.
Eran mundos paralelos, estaba pero no. Caminaba en una caja con paredes donde se proyectaba la vida, o la no vida, como en la matrix, una parte de mi conciencia lo sabia, y sentía que Bradbury decía mirándome fijo a los ojos “te lo avise hace mucho...”
Yendo y volviendo, en un vaivén entre el mundo real y el imaginario, cual es cual?, seguía a paso firme mi curiosa carrera sin fin.
Pero la densidad del camino cambio, y fue como si me agarrasen de las botamangas. Hey, detente!, no tan aprisa!
Costaba caminar, y las figuras de las pantallas de la mente se detuvieron y en forma simultánea me interrogaban con la mirada, mientras se iban desdibujando, desconcertadas por el insospechado abandono.
Bajé la vista y si, era arena, no era arena movediza ni nada espectacular, solo arena. Y se apagaron las pantallas, y hasta la música se quedo muda un instante.
Solo arena
Me quedé parado con la vista fija en el amarillento suelo que sostenía mi irregular sombra.
Arena.
El impulso fue irrefrenable, y en un instante me había quitado los zapatos. Y las medias. Cerré los ojos, el placer se abrió paso entre los dedos de los pies. Y no hubo nada más. Parecía transportado al desierto. Y todo fue arena.
Una de cal y otra de arena, sin duda la de arena debía ser la buena.
Moví los pies para ver mis huellas. Parecían muy chicas para mis pies, huellas de otros tiempos, huellas dejadas en una infancia lejana.
Me había olvidado un poco la sensación. En realidad el recuerdo nunca se pierde, solo hay que bucear un poco bajo la superficie para encontrar donde los dejamos archivados. Texturas, colores, olores, sonidos, miles de imágenes asociadas a cada sensación, esperando el disparador que las traiga al presente.
Que fascinación con la arena. Éramos escaladores en la pila dejada por el camión del corralón, y rajá de acá que desparramas todo!
Y artistas en un pizarrón gigante, acorde a nuestra imaginación libre sin los límites de la hoja de papel.
E ingenieros, capaces de construir castillos y puentes fantásticos. Gaudi debe haber jugado mucho en la arena.
Y que alegría cuando éramos solo ayudantes, peones, dejando que papá se sienta importante siendo él el ingeniero.
Y ahí me quede por una eternidad, sentado con la cara al cielo, con su inagotable transito de nubes que se dejaban ver a través de los parpados cerrados, con los dedos de las manos y los pies enterrados en la suave frescura del arenero.
Arena.

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